Artículos, textos, reportajes,ideas y reflexiones del periodista Pablo G. Mancha (Toroprensa.com)

05/03/2008

Una tauromaquia para Diego Urdiales



Fotos: Carmelo Bayo
Texto: Pablo G. Mancha



Diego Urdiales tomó la alternativa en Dax de manos de Paco Ojeda en agosto de 1999 tras una bonita carrera como novillero, en la que logró, entre otros trofeos, el codiciado Zapato de Oro. Sin embargo, diversas circunstancias han propiciado que se trate de un torero desconocido para la mayoría de los aficionados. De hecho, no se ha prodigado demasiado en los últimos años por los ruedos, ha toreado muy poco y desde su íntima evolución ha ido generando una tauromaquia cada vez más sentida, más profunda y a la vez más técnica. Diego Urdiales, como el caso de otros muchos matadores, ha navegado en solitario, sin apoderado, y con el apoyo de sus amigos y su familia. El año pasado, cuando para muchos estaba desahuciado, protagonizó un manojo de actuaciones sencillamente irrepetibles que hicieron que se viera proyectado desde un humilde festival en Alfaro hasta indultar a un Victorino en la rimbombante feria de San Mateo, de Logroño. Tres corridas: Alfaro (Baltasar Ibán) y Logroño (Cebada Gago y Victorino Martín). Ese fue su bagaje de 2007, además del mentado festival en Alfaro y otro, más sencillo todavía celebrado Autol.
Llegó a la feria Matea, tras su triunfo con los ibanes en Alfaro y lo colocaron en la primera, ante reses de Cebada Gago. Toreó muy bien, cortó una oreja que le valió para coger la sustitución de Pepín Liria en la corrida de Victorino Martín. Antes del indulto de Molinito había cortado otra a otro Victorino. Se desató la locura y de pronto pasó de la nada a tener un apoderado –Javier Chopera– y bastantes posibilidades de torear mucho más en este 2008. Comenzó su temporada en Lenguazaque (Colombia) a principios de este mes. Sin embargo, su vuelta a los ruedos en La Rioja se produjo el pasado sábado en Calahorra, tarde en la que abrió una terna completada por César Jiménez y Salvador Vega. Se las vio frente a un toro de San Miguel y otro de Hermanos Martínez Pedres, flojos, con calidad, pero sin posibilidad de realizar todo el toreo que lleva dentro. A pesar de todo, Urdiales dio una impresión excelente. El primero de sus oponentes, el de San Miguel, fue un buen toro al que le faltó algo más de motor. El diestro arnedano lo toreó con mucha pureza, adelantando la muleta y colocándose perfectamente en cada serie. El temple fue magnífico y refrendó la labor con una buena estocada. El segundo de su lote, de Hermanos Martínez Pedres, fue uno de esos toros con extrema cailidad pero con escasas fuerzas. Lo cuajó con el capote y logró sujetarlo a base de temple en las primeras tandas para después hacernos disfrutar con muletazos preciosos, en los que los vuelos de la muleta prendían una y otra vez las embestidas. Y afloró un toreo de fragancia, dictado al ralentí, marcado por la suavidad y por esa hondura que tiene lo auténtico. No pudo Urdiales romperse por abajo porque el toro no tenía condiciones para rebosarse con él; pero afloró el toreo que tiene en la cabeza el riojano: temple, suavidad, hondura y firmeza. Ayer mismo, Carmelo Bayo, un fotógrafo de Arnedo, me empezó a mandar imágenes de la actuación de Diego. Y la verdad es que sirven perfectamente para darnos cuenta de la calidad que atesora este matador arrinconado por el sistema; este torero que ha ido acrecentando su afición cada día, en cada uno de sus entrenamientos, en sus reflexiones y en una afición tan intensa que no puede concebir su vida sin el toreo, su existencia sin un capote o una muleta cerca. Cuando otros compañeros toreaban estajanovistamente por esa ferias de Dios, él rumiaba en su interior muletazos de seda; embroques imposibles, naturales largos y verónicas mecidas al compás de sus sueños, de sus desventuras, de su silencio. No sé qué sucederá este año. Desconozco si la fortuna le sonreirá, pero me apetece compartir con todos los amigos que se pasean por esta bitácora su concepción del arte del toreo, por eso he querido llamar a este artículo: Una tauromaquia para Diego Urdiales.






El autor

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Logroño, La Rioja, Spain
Pablo G. Mancha (Logroño, 1968) es periodista y trabaja para diversos medios de comunicación. Las pasiones que le definen son los toros, la música y el vino. Tiene la suerte de hablar –en Punto Radio y en TVR– y de escribir o haber escrito en diversos periódicos como Diario La Rioja, El País, Navarra Hoy, Diario de Noticias y últimamente en el suplemento de viajes de Abc, con diversos reportajes dedicados al turismo en La Rioja. Sobre flamenco dirige el espacio televisivo Jueves Flamencos en TVR y escribe de lo mismo en el periódico La Rioja. Desde hace tres años presenta un programa de gastronomía llamado Vivir para comer, que se emite en Punto Radio todos los viernes de 19 a 20 horas. Además, dirige el programa Sol y Sombra, todos los jueves de 19 a 20 horas.